lunes, 15 de marzo de 2010

TOM JOAD

"Las uvas de la ira se convirtió en película con tanta facilidad como si fuera un guión escrito en estudio. Que sepamos, es la única historia seria que ha quedado tan bien en pantalla como en papel”
(Edmund Wilson, escritor y crítico literario)

Estrenada en Estados Unidos, hace hoy 70 años, el 15 de Marzo de 1940 (con dos exitosos preestrenos en Nueva York y Los Ángeles), “Las uvas de la ira” nos presentaba la historia de la familia Joad.


Producida por Darryl F. Zanuck y magníficamente dirigida por John Ford, esta película cuenta con un exquisito guión de Nunnally Johnson basado en la novela homónima de John Steinbeck.

Es una historia de la supervivencia de los más fuertes. Los fuertes sobreviven, los débiles se quedan a mitad de camino, los incompetentes deambulan sin rumbo
(Nunnally Johnson)

Obra fordiana por excelencia, más densa, más concisa y más poética que su equivalente literario, retrata con maestría la época más triste de la América de Franklin D. Roosevelt. Las migraciones interiores modificaron las situaciones y los privilegios creados. Los recién llegados eran tratados con hostilidad y considerados como enemigos. Pero también como mano de obra explotable por quienes poseían la propiedad.


Los granjeros de Oklahoma estaban desprovistos de emoción. Habían sufrido tanto que ya no demostraban emoción alguna. Eran sólo caras vacías
(Henry Fonda)


Cuando John Steinbeck dio su conformidad para la película, el nombre de John Ford ya encabezaba el proyecto, aunque su elección no estuvo clara desde el principio. Steinbeck sí había mencionado a Ford como el director ideal, pero Zanuck había pensado en Clarence Brown, uno de los talentos de Hollywood más dotados para la lírica.

Zanuck se decidió, finalmente, por Ford. Éste se encontraba rodando los exteriores de “Corazones indomables”, película protagonizada precisamente por Henry Fonda. John emplazó a Zanuck a la conclusión de este film para tomar una decisión, aunque cada vez le atraía más la idea.


Había leído la novela – que era buena – y Zanuck tenía un buen guión (…) Me gustaba la idea de esa familia que se marchaba y trataba de encontrar un camino en el mundo. Todo aquello me resultaba atractivo porque trataba de personas normales
(John Ford)

Ya con John Ford en la dirección, se eligió a Gregg Toland (“Cumbres borrascosas”, “Ciudadano Kane”, “Intermezzo”...) como operador de cámara porque la película necesitaba una fotografía desnuda, naturalista.


En el film, los cielos estaban sin filtrar y los rostros iluminados de un modo duro que encajaba con el desolado fondo. Según el propio Ford, Toland consiguió fotografiar espacios donde no había nada que fotografiar.

Para la banda sonora, el elegido fue Alfred Newman (“Beau Geste”, “Cumbres borrascosas”, “Eva al desnudo”...), que nos trasmite nostálgica pero implacablemente aquellos años de Depresión a través de una partitura interpretada, en su mayor parte, con acordeón, banjo y guitarra. Especialmente significativa es la tradicional y triste melodía “Red River Valley".

El estudio también contrató a Tom Collins, el Tom a quien Steinbeck había dedicado su libro y el que había animado a John a escribir la novela, llevándole a los campamentos de emigrantes donde el autor vivió durante un tiempo. Collins, que durante siete años había dirigido los campamentos estatales para trabajadores emigrantes, instruyó a los actores en el idioma apropiado, revisó los decorados y el vestuario y sirvió en general como asesor.



En la notas de Zanuck en cuanto al casting figuraban Henry Fonda como Tom, Walter Brennan como Pa, Beulah Bondi como Ma y James Stewart como Al. De estas notas sólo se mantuvo Fonda en el reparto final.

Pero a Fonda le costó mucho trabajo conseguir el papel. Sus relaciones con Zanuck no eran muy armoniosas. Cuando el magnate fue informado de que Henry quería encarnar a Tom a toda costa, anunció que el protagonista sería Tyrone Power, o en su defecto, Don Ameche, ambos a sueldo en el estudio.


Zanuck había tratado de contratarme incluso antes de “Tierra de audaces”, y yo me resistía. Era feliz actuando por libre. Estaba trabajando mucho en la Fox, pero era mi elección… Yo quería el papel. Era otro film con Ford y Ford me quería. Tuve una larga reunión con Zanuck. Firmé el contrato, y lo lamenté desde el día que terminamos “Las uvas de la ira”. Hice algunas buenas películas durante mi contrato con la Fox, pero fueron casi todas en préstamo
(Henry Fonda)

Henry, por aquel entonces era feliz con su independencia como actor para poder elegir él mismo sus películas. Zanuck, necesitado de estrellas masculinas para su nómina, le propuso a Fonda un contrato de larga duración a cambio del ansiado papel. Tras rechazarlo en un principio, Fonda cedió, consciente de que sería el papel de su vida, firmando un contrato con la Fox de siete años, pero también pasando a la inmortalidad cinematográfica con su maravillosa interpretación de Tom Joad.


En el rodaje, Ford se ocupaba de todo salvo de su estrella. Fonda, orgulloso y tozudo, sintió a Tom Joad sin recibir ninguna indicación del director. Para su composición, mezcló la sinceridad propia del Medio Oeste, de la que ya había hecho gala al interpretar a Lincoln, con la fría paranoia de un ex convicto. De la sobriedad de su actuación dependía que la película no decayera en algunos pasajes en el sentimentalismo.

Por esa actuación, mi padre recibió la nominación al Oscar como mejor actor. Le ganó su amigo Jimmy Stewart, pero fue ese papel el que condujo a Henry Fonda a la categoría de leyenda
(Jane Fonda)


La actuación de Henry Fonda sólo cabe calificarla de genial, y sin su emotiva mirada nada de lo que ocurre acabaría por entenderse. El actor aporta, además, una imagen ideal que sugiere el físico de una cierta América rural, entre ingenua e incontaminada.

A su lado, una irrepochable galería de característicos como John Carradine, Charley Grapewin, Russell Simpson, John Qualen, Ward Bond…


Y Jane Darwell, quien, en el papel de Ma Joad, compone uno de los personajes fordianos más inolvidables. La impresionante heroína expulsada de sus tierras y obligada a trabajar en condiciones miserables recibe un patético acento de veracidad en la interpretación de esta actriz de físico robusto y aspecto de matrona. Su trabajo es antológico, merecedor del Oscar recibido y de todos los premios del mundo. Pero los ojos luminosos y comunicativos de Hank también merecían premio.

Para la crucial escena final entre madre e hijo, Ford delegó en Fonda y Jane Darwell, negándose incluso a verles ensayar.

En la famosa escena de la despedida, mi padre me contó que él y Jane Darwell se dieron cuenta de que no podían dejarse llevar por la emoción. Así que tuvieron que interpretar la escena como si estuvieran sujetando un caballo que intentaba escaparse
(Jane Fonda)


No lo habíamos hecho en voz alta, pero Ford gritó “¡Acción!”, las cámaras empezaron a filmar y lo hicimos en una sola toma. Cuando acabamos la secuencia, Ford no dijo nada. Se levantó y se fue. Tenía lo que quería. Los demás, también
(Henry Fonda)

Las uvas de la ira” obtuvo 2 Premios Oscar al mejor director y mejor actriz secundaria (Jane Darwell). También estuvo nominada al mejor actor (Henry Fonda), mejor montaje, mejor película, mejor sonido y mejor guión.

Zanuck ha mantenido su palabra. Tiene una película dura, en la cual sus actores se han sumergido tan completamente en sus personajes que parece una película documental, y ciertamente tiene un timbre duro, veraz. De hecho, con la eliminación de las descripciones es, de lejos, más dura que el libro. Parece increíble, pero es cierto
(John Steinbeck)



Efectivamente, Ford supo recrear aquella turbia atmósfera y aquellos difíciles años a través de una puesta en imágenes que potenciaba el realismo y la humanidad de los personajes.

Es una gran película de las llanuras de polvo, las autopistas, los campamentos, el cielo que está sobre ellos, y de una gente sin nombre, desahuciada
(John Mosher, “New Yorker)

Las uvas de la ira” constituye uno de los más grandes melodramas sociales de la historia del cine. Sin concesiones al sentimentalismo, pero emocionando con la crudeza de sus imágenes, John Ford nos mostró las terribles luchas de las gentes del medio Oeste norteamericano por defender sus posibilidades de trabajo y su supervivencia en momentos de absoluta penuria. Sus personajes no son héroes ni seres excepcionales. Pueden ser engañados y convertirse, incluso, en esquiroles. Pero mantienen el lazo familiar y, por encima de todo, su dignidad.


El único verdadero cambio que hice – y tuve que hacerlo – fue en el final. Tenía que haber un rayo de esperanza, algo que evitase que la gente que viese la película se marchase tan abatida que no pudiese decir a otra gente que era un buen filme. Steinbeck estuvo de acuerdo en la necesidad de un final más esperanzador
(Nunnally Johnson)

Hank conservó toda su vida la gorra que llevaba en “Las uvas de la ira”. Poco antes de su muerte, se la regaló a su vieja amiga Jane Whiters. Juntos habían hecho en 1934 "The farmer takes a wife", una obra de teatro anterior a la carrera cinematográfica de Henry. Ella tenía entonces 8 años y Henry 34. Fonda se mostraba nervioso antes de salir a escena. Ella tocó su sombrero y dijo una oración para calmar sus nervios.


Al año siguiente, trabajaron de nuevo juntos en “Contrastes”, la versión de esta obra para la gran pantalla. Y se convirtieron en buenos amigos para toda la vida.


Sin ninguna duda, Henry Fonda era la elección perfecta para el papel de Tom Joad: la esencia de la decencia rural, con la intensa mirada de un hombre pensativo y a punto de explotar.

La película ayudó a forjar la imagen de Hank como una figura quintaesencialmente americana: el hombre común, que parecía simbolizar la decencia e integridad con la cual los americanos se veían idealmente a sí mismos. La imagen se ajustaba al actor tanto dentro como fuera de la pantalla. Henry no era un ser sofisticado. Prefería pasar su tiempo libre arando sus tierras y plantando cosechas.


Yo estaré en todas partes, en todas partes donde quiera que mires. Donde haya una posibilidad de que los hambrientos coman, allí estaré.
Donde haya un hombre que sufre, allí estaré.
Estaré en los gritos de los hombres a los que vuelven locos, y estaré en la risa de los niños cuando sientan hambre y la cena esté ya preparada. Y cuando los hombres coman de la tierra que trabajan y vivan en las casas que levantan, allí también estaré
(TOM JOAD)