lunes, 10 de enero de 2011

NORMAN THAYER, JR.

En 1981 mi padre y yo rodamos nuestra única película juntos, “En el estanque dorado”… Y fue muy especial para ambos. Interpretamos a un padre y a una hija que habían tenido problemas durante años y que por fin encuentran una forma de romper las barreras. Papá y yo no éramos los personajes que interpretábamos, pero había semejanzas y la película nos unió realmente más”  (Jane Fonda)


El 4 de Diciembre de 1981 se estrenaba en Estados Unidos "En el estanque dorado", un maravilloso canto a la vida protagonizado por un matrimonio ya en su tercera edad.

Producida por Bruce Gilbert para la Universal Pictures, esta película nos presenta una entrañable historia muy bien dirigida por Mark Rydell sobre un guión de Ernest Thompson, basado en su propia obra, y con unas bellas imágenes fotografiadas por Billy Williams.

 

Y una maravillosa banda sonora, obra maestra del compositor Dave Grusin, que encaja a la perfección con el tema y ritmo de la historia.

El film está, además, dedicado a Robert L. Wolfe, artífice de su montaje, que falleció en ese mismo año sin llegar a ver estrenada la película. Wolfe nos había ya dejado constancia de su buen hacer en títulos como “Monty Walsh”, “Junior Bonner”, “La huida”, “El viento y el león”, “Todos los hombres del Presidente” o “Cazador a sueldo”.

La película se rodó en New Hampshire durante el verano de 1980. Trabajaron cerca de la ciudad de Laconia y la mayor parte del metraje se rodó en el Lago Squam.

 

El 21 de Febrero de 1979 se estrenaba en Broadway, en el New Apollo Theater, la obra de Ernest ThompsonOn golden pond”, llegando con éxito a las 126 representaciones.

Henry Fonda se encontraba en Washington cuando se escenificó la obra en el Kennedy Center. Alguien le comentó que podía ser un buen vehículo para él y, aunque Hank no pudo llegar a verla, pidió que le enviasen una copia del guión, que le encantó. Al mismo tiempo, Henry supo que Katharine Hepburn opinaba lo mismo del texto.

Paralelamente, su gran amigo James Stewart tenía también esperanzas de interpretarla. El director Joshua Logan, amigo común de ambos actores, le había dado a conocer la obra.


Pero Jane Fonda, curiosamente ahijada de Logan, se le adelantó comprando los derechos de la obra porque sabía que su padre estaba muy interesado en ella. Y no sólo la produjo junto a Bruce Gilbert, sino que además se ofreció para interpretar el papel de la hija de la historia. Cuando, finalmente,  Stewart se enteró de esto por Logan le dijo: “Esto te enseñará lo que puede ocurrir cuando no sólo tienes una ahijada brillante, sino una ahijada brillante que también es productora”.

"Siempre he visto “En el estanque dorado” como un regalo a mi padre. Mi padre no es exactamente Norman Thayer, pero hay mucho de él en ese papel… Y como Chelsea, yo tuve que superar la desesperada necesidad que una vez tuve de su aprobación y vencer el miedo que le tenía…
La película nos dio a todos nosotros la oportunidad de decir en voz alta algo que sólo podías admitirte a ti mismo por la noche. No puedo expresar lo afortunada que me siento porque al final la hiciésemos
(Jane Fonda)


Jane intentaba darle a la película un tono autobiográfico y Henry trataba de mantener la distancia artística y profesional. En la escena en la que padre e hija llegan a un acuerdo para intentar llevarse mejor, Jane alargó su brazo para tocar el de su padre, gesto que no estaba en el guión y que pilló a Henry por sorpresa.

Y en la maravillosa escena en la que se funden en un abrazo, un miembro del equipo recordaba: “Ella estaba llorando y él tambien. El resto de nosotros estábamos a punto de hacerlo”.

Yo veía todas las escenas de ella con él porque ella me lo pedía. Supongo que no se conocían de verdad. Y creo que después de esta película Jane sintió que le conocía
(Katharine Hepburn)


Katharine Hepburn y Henry Fonda no habían trabajado juntos antes. De hecho, apenas se conocían. Katharine da vida maravillosamente en este film a la mujer de Henry, Ethel Thayer, papel que a punto estuvo la actriz de no poder interpretar por una urgente operación de hombro, ocasionada por un partido de tenis, a la que tuvo que someterse semanas antes del rodaje.

"Papá había admirado siempre a Kate pero nunca habían trabajado juntos antes. También me dio a mí la oportunidad de trabajar con ella. Ella sabia lo nerviosa que estaba yo teniendo que decirle palabras a mi padre que nunca le había dicho en la vida real”
(Jane Fonda)

Barbara Stanwyck era la elegida en el caso en que hubiera que reemplazar a Hepburn, pero Fonda, añadiendo que no la haría con nadie más, insistió a Kate hasta que ella aceptó.

Según recordaba el propio Hank, el primer día que se encontraron él se hallaba solo en el plató cuando “Kate entró, sonrió, me miró directamente y exclamó: “Ya era hora”.
 

Me conmovió profundamente. Lo que expresaba cuando interpretaba una escena con él era totalmente auténtico. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Estoy segura de que reflexionó mucho sobre el personaje y sobre la relación, muchísimo. Igual que hice yo, naturalmente
(Katharine Hepburn)

El reparto se completaba a la perfección con Dabney Coleman como Billy Ray, el marido del personaje de Jane Fonda, y con Doug McKeon como su hijo Billy, un rebelde muchacho de trece años al que dejan durante un mes con el matrimonio Thayer.


En el estanque dorado” fue el último título de Henry Fonda para la gran pantalla y su primer papel protagonista en una buena película desde hacía años.

Coincidiendo con su estreno, Jane organizó una proyección especial para su padre, que se encontraba ya bastante débil del corazón. Tras la proyección del film, a la que acudió también su director, Mark Rydell, Hank le dijo a  éste: Gracias por la película más importante de mi vida”.

Afortunadamente, Henry llegó a ver con sus propios ojos cómo se convertía la película en un gran éxito de taquilla y, sobre todo, cómo era nominado a mejor actor.


Y cómo obtenía, al fin, el Oscar al mejor actor principal. En la ceremonia de los Premios de la Academia, fue Jane quien recogió el galardón en nombre de su padre, debido a su ya grave estado de salud.

Mi padre no creía que esto fuera a pasar de verdad, aunque no hace mucho me ha dicho que si llegaba a ocurrir, quería que su esposa Shirlee recogiera el galardón en su nombre, pero Shirlee ha querido estar con él esta noche, de modo que he venido yo…”
(Jane Fonda)

Jane también expresó, en nombre de Hank, su gratitud hacia el equipo completo de rodaje de esta entrañable película.


En el estanque dorado” recibió, entre otros premios, 3 Oscar de la Academia al mejor actor (Henry Fonda), mejor actriz (Katharine Hepburn) y mejor guión adaptado (Ernest Thompson). También fue nominada a mejor actriz de reparto (Jane Fonda), película, director, fotografia, montaje, banda sonora y sonido.

Obtuvo también 3 Globos de Oro a la mejor pelicula, actor principal y guión adaptado, siendo además nominada al mejor director, actriz principal y actriz secundaria. Y los American Movie Awards la recompensaron con 3 Marquee award al mejor actor, actriz principal y actriz secundaria.


A Henry Fonda también se le otorgó el premio al mejor actor en el Karlovy Vary International Film Festival. Dave Grusin obtuvo una nominación en los Premios Grammy como mejor album de una banda sonora de película. Y el film fue nominado a la mejor película extranjera en los Premios de la Academia Japonesa.


El primer día de rodaje Katharine Hepburn le hizo un regalo a Henry Fonda: un sombrero de fieltro marrón que era el favorito de Spencer Tracy.


Henry, correspondiendo a este bonito gesto, pintó una acuarela con los tres sombreros que él llevaba en el film y se lo regaló a Kate.

Hank hizo después 200 copias de esta pintura y se las envió a todas las personas que habían trabajado en la película. Cada copia estaba numerada y personalmente firmada por Fonda con su agradecimiento personal añadido a cada uno de los miembros del equipo.


No soy un hombre religioso, pero doy las gracias a Dios cada mañana por haber vivido lo suficiente para interpretar ese papel… ¿Cómo puedo describir la experiencia? Magia, supongo. Magia
(HENRY FONDA)

sábado, 1 de enero de 2011

miércoles, 27 de octubre de 2010

HANK Y MA DARWELL


En 1940, John Ford unía en la gran pantalla a dos grandes actores americanos. Jane Darwell y Henry Fonda nos ofrecían una magistral interpretación como Ma Joad y su hijo Tom en esa obra maestra del cine llamada “Las uvas de la ira”.


Pero Fonda y Darwell ya habían trabajado juntos dirigidos por Henry King un año antes, en 1939, y también como madre e hijo, en “Tierra de audaces”, la mejor versión cinematográfica entorno a la figura del mítico Jesse James.


Tras formar parte de la inolvidable familia Joad, en ese mismo año de 1940, Henry y Jane (esta vez como Mrs. Huguenine) volvieron a coincidir en “Chad Hanna”, dirigidos de nuevo por Henry King sobre un guión de Nunnally Johnson (artífice también del impecable guión de “Las uvas de la ira”).



En 1943 se rodaba “Incidente en Ox Bow”, un maravilloso alegato contra el linchamiento dirigido por William A. Wellman. No en vano era ésta una de las dos películas por las que Fonda se sentía más orgulloso. La otra, obviamente, “Las uvas de la ira”.
Aunque originalmente el papel de Jennie “Ma” Grier iba a ser para Sara Allgood, la elegida fue Florence Bates. Pero Bates tuvo durante el rodaje un accidente en una escena con un caballo y fue finalmente reemplazada por Jane Darwell.



Y en 1946, John Ford les volvía a juntar en la gran pantalla en otro gran clásico: “Pasión de los fuertes”. Jane daba vida aquí a Kate Nelson, una entrañable señora del pueblo que presta su incondicional ayuda, y su casa, en el momento de la operación a vida o muerte del personaje de Chihuahua.


Actores sin duda predilectos de John Ford, el director quiso contar en 1942 también con ellos, y con Donald Crisp, otro peso pesado del cine clásico americano, como narradores del corto documental “The Battle of Midway”. En su banda sonora se podían oir temas hoy tan clásicos como “Anchors aweigh”, “Over there” o “Yankee Doodle”.

Y “Red River Valley”, maravillosa melodía tradicional americana que dos años antes habíamos escuchado como tema principal de “Las uvas de la ira”. Estrenado el 14 de Septiembre de 1942, “The Battle of Midway” se llevó un año más tarde el Oscar al mejor corto documental.


En 1976, Henry Fonda, junto a un brillante elenco, formó parte importante de “La Batalla de Midway”, seguramente la mejor película bélica llevada a la gran pantalla. La mayor parte de las escenas reales de combate de esta película pertenecían al corto documental realizado en 1942 por John Ford.


Pero Jane Darwell no acompañaba a Hank en esta película de 1976. Hacía ya nueve años que esta maravillosa actriz le estaba guardando un sitio de honor en el cielo estrellado de las leyendas del cine.

Y a él tan sólo le bastó escuchar una voz que le decía: “I’ll be there” para saber que se reuniría de nuevo con ella en 1982.




"He interpretado a la madre de Henry Fonda tan a menudo que siempre que coincidíamos yo le llamaba a él “hijo” y él a mí “Ma” sólo para ahorrar tiempo
(JANE DARWELL)

miércoles, 21 de julio de 2010

HENRY FONDA ROSE

“Mi padre nació en Nebraska y nunca dejó de pensar que no era más que un vaquero del Medio Oeste. Trabajar la tierra y colonizar el campo fueron temas recurrentes en sus películas”
(Jane Fonda)

"Thank you, Mr. Fonda" cumple hoy su primer aniversario. Y Hank y yo lo vamos a celebrar con flores. En concreto, con esta rosa, la Henry Fonda Rose.


Siendo Hank un más que aficionado horticultor, y siendo yo una ferviente admiradora de las rosas, y de Hank, no podía ser de otra manera.

El asignar a distintas flores diversos nombres de actores y actrices se remonta a la época de los grandes estudios de Hollywood y sus grandes estrellas. Audrey Hepburn, Cary Grant, Elizabeth Taylor y Grace Kelly, entre otros, también tenían asignada una rosa.


La Henry Fonda Rose es ligeramente más pequeña que otras rosas de té. De suave fragancia y un profundo amarillo, se pueden contar en ella de 20 a 25 pétalos.


Desde el comienzo de su carrera cinematográfica, Henry Fonda desempeñó el papel de granjero en películas como “A través de la tormenta”, “Las uvas de la ira” o “Slim”.


También le pudimos ver trabajando el campo en títulos como "Corazones indomables", “El camino del pino solitario” o “Contrastes”. 


Y en “Fiebre en la sangre”, “El potro alazán” o “La venganza de Frank James”.


Paralelamente a sus películas, Henry se hizo realmente granjero, desbrozando los acres de su propio terreno, vallando una zona de sembrado e iniciando su cultivo. Había descubierto la revista “Horticultura y Jardinería orgánicas”, y seguía sus principios sobre el abono al pie de la letra.


A Jane le encantaba recordar en tono de broma que pasaron años antes de descubrir que su padre era un actor y no un granjero. Y es que él mismo araba la tierra, recogía los huevos de las gallinas, plantaba los árboles frutales y cultivaba las hortalizas en su jardín.


Mi rosa amarilla favorita. Destinada a ser un clásico
(Robert Bauer, fotógrafo)

jueves, 27 de mayo de 2010

AND THE WINNER IS... HENRY FONDA

Cuando recibió el Oscar al mejor actor, dijo algo típico de él:
¿A que tengo suerte?
(Jane Fonda)

El 29 de Marzo de 1982, Henry Fonda recibía su primer y único Oscar al mejor actor por su impresionante interpretación de Norman Thayer, Jr. en una maravillosa película: “En el estanque dorado”.

Papá, todos tus nietos y yo vamos a llevártelo enseguida

A sus 76 años de edad, Hank presenciaba la ceremonia desde su propia casa, ya que se encontraba demasiado débil como para acudir a ella personalmente.


Se reconocía así, finalmente, la enorme profesionalidad de uno de los mejores actores de toda la historia del cine.

Reconocimiento que no sólo tuvo eco en los Premios de la Academia. Henry también recibía por esta magnífica interpretación un Globo de Oro y un Marquee Award (American Movie), y era premiado en el europeo Karlovy Film Festival y en el National Board of Review (Asociación Nacional de Críticos de Cine de Estados Unidos).


La relación de Henry Fonda con la codiciada estatuilla comenzó en 1940, cuando fue nominado al mejor actor por su extraordinaria interpretación de Tom Joad en “Las uvas de la ira”.

Pero ese año el Oscar fue para su amigo James Stewart (“Historias de Filadelfia”). Stewart, curiosamente, había votado a Hank como mejor actor.


En 1958, Henry volvía a optar al Premio de la Academia por “Doce hombres sin piedad”, esta vez como coproductor de esta interesante película. Labor que se quedó tan sólo en la nominación, a la que se le unió otra como actor en los Globos de Oro.

Sí era, en cambio, galardonado con un británico Premio Bafta y con el Diploma de Mérito en los finlandeses Jussi Award por encarnar al miembro del jurado más íntegro de la gran pantalla. 


Su buen hacer interpretativo fue también reconocido en los Laurel Awards, galardones creados por el Motion Picture Exhibitor magazine. Fue en dos ocasiones nominado al mejor actor dramático por “Fiebre en la sangre” y “Punto límite”.


Y en 1968, en estos mismos premios, compartió honrosamente la nominación al mejor actor de comedia, por “Tuyos, míos, nuestros”, con actores como Jack Lemmon (“La extraña pareja”), Robert Redford (“Descalzos por el parque”), Dustin Hoffman (“El graduado”) y el que finalmente fue el ganador, Walter Matthau (“La extraña pareja”). 


Los televisivos Premios Emmy también repararon en Hank, nominándole en tres ocasiones por “El potro alazán”, “Clarence Darrow” y “La trompeta de Gedeón”.


A Henry Fonda le fue asimismo reconocida su larga y fructífera carrera cinematográfica con prestigiosos galardones. Premio Especial David de Donatello de la Academia de Cine Italiano (1973), Premio Honorífico en los AFI (American Film Institute) (1978), Cecil B. De Mille Award en los Globos de Oro (1980) y Golden Apple a la estrella masculina del año (1981).


Premios todos ellos que serían redondeados con el Oscar Honorífico que recibió en 1981, de manos de un encantado y orgulloso Robert Redford, en “reconocimiento a su enorme contribución al arte cinematográfico”.

Momento mágico de la ceremonia de los Oscar donde Redford resaltó la, ante todo, impecable profesionalidad de Hank. Y donde Henry, tras salir acompañado, por supuesto, por la banda sonora de “Las uvas de la ira”, y recibido con una emocionante ovación del público de la sala, agradeció la enorme suerte que tuvo en su vida profesional.

Enorme suerte la nuestra de compartir su trabajo con él, añado yo.


El Oscar Honorífico le era entregado a Henry Fonda justo un año antes de recibir su único Oscar como mejor actor por “En el estanque dorado”.

Sin duda alguna, el galardón más querido por él en su larga trayectoria. Porque se le daba, precisamente, como mejor actor.

“Nunca había ganado el Oscar al mejor actor. Fue muy emocionante para él. Sé lo orgulloso que se sintió”
(JANE FONDA)

lunes, 15 de marzo de 2010

TOM JOAD

"Las uvas de la ira se convirtió en película con tanta facilidad como si fuera un guión escrito en estudio. Que sepamos, es la única historia seria que ha quedado tan bien en pantalla como en papel”
(Edmund Wilson, escritor y crítico literario)

Estrenada en Estados Unidos el 15 de Marzo de 1940 (con dos exitosos preestrenos en Nueva York y Los Ángeles), “Las uvas de la ira” nos presentaba la historia de la familia Joad.


Producida por Darryl F. Zanuck y magníficamente dirigida por John Ford, esta película cuenta con un exquisito guión de Nunnally Johnson basado en la novela homónima de John Steinbeck.

Es una historia de la supervivencia de los más fuertes. Los fuertes sobreviven, los débiles se quedan a mitad de camino, los incompetentes deambulan sin rumbo
(Nunnally Johnson)

Obra fordiana por excelencia, más densa, más concisa y más poética que su equivalente literario, retrata con maestría la época más triste de la América de Franklin D. Roosevelt. Las migraciones interiores modificaron las situaciones y los privilegios creados. Los recién llegados eran tratados con hostilidad y considerados como enemigos. Pero también como mano de obra explotable por quienes poseían la propiedad.


Los granjeros de Oklahoma estaban desprovistos de emoción. Habían sufrido tanto que ya no demostraban emoción alguna. Eran sólo caras vacías
(Henry Fonda)


Cuando John Steinbeck dio su conformidad para la película, el nombre de John Ford ya encabezaba el proyecto, aunque su elección no estuvo clara desde el principio. Steinbeck sí había mencionado a Ford como el director ideal, pero Zanuck había pensado en Clarence Brown, uno de los talentos de Hollywood más dotados para la lírica.

Zanuck se decidió, finalmente, por Ford. Éste se encontraba rodando los exteriores de “Corazones indomables”, película protagonizada precisamente por Henry Fonda. John emplazó a Zanuck a la conclusión de este film para tomar una decisión, aunque cada vez le atraía más la idea.


Había leído la novela – que era buena – y Zanuck tenía un buen guión (…) Me gustaba la idea de esa familia que se marchaba y trataba de encontrar un camino en el mundo. Todo aquello me resultaba atractivo porque trataba de personas normales
(John Ford)

Ya con John Ford en la dirección, se eligió a Gregg Toland (“Cumbres borrascosas”, “Ciudadano Kane”, “Intermezzo”...) como operador de cámara porque la película necesitaba una fotografía desnuda, naturalista.


En el film, los cielos estaban sin filtrar y los rostros iluminados de un modo duro que encajaba con el desolado fondo. Según el propio Ford, Toland consiguió fotografiar espacios donde no había nada que fotografiar.

Para la banda sonora, el elegido fue Alfred Newman (“Beau Geste”, “Cumbres borrascosas”, “Eva al desnudo”...), que nos trasmite nostálgica pero implacablemente aquellos años de Depresión a través de una partitura interpretada, en su mayor parte, con acordeón, banjo y guitarra. Especialmente significativa es la tradicional y triste melodía “Red River Valley".

El estudio también contrató a Tom Collins, el Tom a quien Steinbeck había dedicado su libro y el que había animado a John a escribir la novela, llevándole a los campamentos de emigrantes donde el autor vivió durante un tiempo. Collins, que durante siete años había dirigido los campamentos estatales para trabajadores emigrantes, instruyó a los actores en el idioma apropiado, revisó los decorados y el vestuario y sirvió en general como asesor.



En la notas de Zanuck en cuanto al casting figuraban Henry Fonda como Tom, Walter Brennan como Pa, Beulah Bondi como Ma y James Stewart como Al. De estas notas sólo se mantuvo Fonda en el reparto final.

Pero a Fonda le costó mucho trabajo conseguir el papel. Sus relaciones con Zanuck no eran muy armoniosas. Cuando el magnate fue informado de que Henry quería encarnar a Tom a toda costa, anunció que el protagonista sería Tyrone Power, o en su defecto, Don Ameche, ambos a sueldo en el estudio.


Zanuck había tratado de contratarme incluso antes de “Tierra de audaces”, y yo me resistía. Era feliz actuando por libre. Estaba trabajando mucho en la Fox, pero era mi elección… Yo quería el papel. Era otro film con Ford y Ford me quería. Tuve una larga reunión con Zanuck. Firmé el contrato, y lo lamenté desde el día que terminamos “Las uvas de la ira”. Hice algunas buenas películas durante mi contrato con la Fox, pero fueron casi todas en préstamo
(Henry Fonda)

Henry, por aquel entonces era feliz con su independencia como actor para poder elegir él mismo sus películas. Zanuck, necesitado de estrellas masculinas para su nómina, le propuso a Fonda un contrato de larga duración a cambio del ansiado papel. Tras rechazarlo en un principio, Fonda cedió, consciente de que sería el papel de su vida, firmando un contrato con la Fox de siete años, pero también pasando a la inmortalidad cinematográfica con su maravillosa interpretación de Tom Joad.


En el rodaje, Ford se ocupaba de todo salvo de su estrella. Fonda, orgulloso y tozudo, sintió a Tom Joad sin recibir ninguna indicación del director. Para su composición, mezcló la sinceridad propia del Medio Oeste, de la que ya había hecho gala al interpretar a Lincoln, con la fría paranoia de un ex convicto. De la sobriedad de su actuación dependía que la película no decayera en algunos pasajes en el sentimentalismo.

Por esa actuación, mi padre recibió la nominación al Oscar como mejor actor. Le ganó su amigo Jimmy Stewart, pero fue ese papel el que condujo a Henry Fonda a la categoría de leyenda
(Jane Fonda)


La actuación de Henry Fonda sólo cabe calificarla de genial, y sin su emotiva mirada nada de lo que ocurre acabaría por entenderse. El actor aporta, además, una imagen ideal que sugiere el físico de una cierta América rural, entre ingenua e incontaminada.

A su lado, una irrepochable galería de característicos como John Carradine, Charley Grapewin, Russell Simpson, John Qualen, Ward Bond…


Y Jane Darwell, quien, en el papel de Ma Joad, compone uno de los personajes fordianos más inolvidables. La impresionante heroína expulsada de sus tierras y obligada a trabajar en condiciones miserables recibe un patético acento de veracidad en la interpretación de esta actriz de físico robusto y aspecto de matrona. Su trabajo es antológico, merecedor del Oscar recibido y de todos los premios del mundo. Pero los ojos luminosos y comunicativos de Hank también merecían premio.

Para la crucial escena final entre madre e hijo, Ford delegó en Fonda y Jane Darwell, negándose incluso a verles ensayar.

En la famosa escena de la despedida, mi padre me contó que él y Jane Darwell se dieron cuenta de que no podían dejarse llevar por la emoción. Así que tuvieron que interpretar la escena como si estuvieran sujetando un caballo que intentaba escaparse
(Jane Fonda)


No lo habíamos hecho en voz alta, pero Ford gritó “¡Acción!”, las cámaras empezaron a filmar y lo hicimos en una sola toma. Cuando acabamos la secuencia, Ford no dijo nada. Se levantó y se fue. Tenía lo que quería. Los demás, también
(Henry Fonda)

Las uvas de la ira” obtuvo 2 Premios Oscar al mejor director y mejor actriz secundaria (Jane Darwell). También estuvo nominada al mejor actor (Henry Fonda), mejor montaje, mejor película, mejor sonido y mejor guión.

Zanuck ha mantenido su palabra. Tiene una película dura, en la cual sus actores se han sumergido tan completamente en sus personajes que parece una película documental, y ciertamente tiene un timbre duro, veraz. De hecho, con la eliminación de las descripciones es, de lejos, más dura que el libro. Parece increíble, pero es cierto
(John Steinbeck)



Efectivamente, Ford supo recrear aquella turbia atmósfera y aquellos difíciles años a través de una puesta en imágenes que potenciaba el realismo y la humanidad de los personajes.

Es una gran película de las llanuras de polvo, las autopistas, los campamentos, el cielo que está sobre ellos, y de una gente sin nombre, desahuciada
(John Mosher, “New Yorker)

Las uvas de la ira” constituye uno de los más grandes melodramas sociales de la historia del cine. Sin concesiones al sentimentalismo, pero emocionando con la crudeza de sus imágenes, John Ford nos mostró las terribles luchas de las gentes del medio Oeste norteamericano por defender sus posibilidades de trabajo y su supervivencia en momentos de absoluta penuria. Sus personajes no son héroes ni seres excepcionales. Pueden ser engañados y convertirse, incluso, en esquiroles. Pero mantienen el lazo familiar y, por encima de todo, su dignidad.


El único verdadero cambio que hice – y tuve que hacerlo – fue en el final. Tenía que haber un rayo de esperanza, algo que evitase que la gente que viese la película se marchase tan abatida que no pudiese decir a otra gente que era un buen filme. Steinbeck estuvo de acuerdo en la necesidad de un final más esperanzador
(Nunnally Johnson)

Hank conservó toda su vida la gorra que llevaba en “Las uvas de la ira”. Poco antes de su muerte, se la regaló a su vieja amiga Jane Whiters. Juntos habían hecho en 1934 "The farmer takes a wife", una obra de teatro anterior a la carrera cinematográfica de Henry. Ella tenía entonces 8 años y Henry 34. Fonda se mostraba nervioso antes de salir a escena. Ella tocó su sombrero y dijo una oración para calmar sus nervios.


Al año siguiente, trabajaron de nuevo juntos en “Contrastes”, la versión de esta obra para la gran pantalla. Y se convirtieron en buenos amigos para toda la vida.


Sin ninguna duda, Henry Fonda era la elección perfecta para el papel de Tom Joad: la esencia de la decencia rural, con la intensa mirada de un hombre pensativo y a punto de explotar.

La película ayudó a forjar la imagen de Hank como una figura quintaesencialmente americana: el hombre común, que parecía simbolizar la decencia e integridad con la cual los americanos se veían idealmente a sí mismos. La imagen se ajustaba al actor tanto dentro como fuera de la pantalla. Henry no era un ser sofisticado. Prefería pasar su tiempo libre arando sus tierras y plantando cosechas.


Yo estaré en todas partes, en todas partes donde quiera que mires. Donde haya una posibilidad de que los hambrientos coman, allí estaré.
Donde haya un hombre que sufre, allí estaré.
Estaré en los gritos de los hombres a los que vuelven locos, y estaré en la risa de los niños cuando sientan hambre y la cena esté ya preparada. Y cuando los hombres coman de la tierra que trabajan y vivan en las casas que levantan, allí también estaré
(TOM JOAD)