jueves, 27 de mayo de 2010

AND THE WINNER IS... HENRY FONDA

Cuando recibió el Oscar al mejor actor, dijo algo típico de él:
¿A que tengo suerte?
(Jane Fonda)

El 29 de Marzo de 1982, Henry Fonda recibía su primer y único Oscar al mejor actor por su impresionante interpretación de Norman Thayer, Jr. en una maravillosa película: “En el estanque dorado”.

Papá, todos tus nietos y yo vamos a llevártelo enseguida

A sus 76 años de edad, Hank presenciaba la ceremonia desde su propia casa, ya que se encontraba demasiado débil como para acudir a ella personalmente.


Se reconocía así, finalmente, la enorme profesionalidad de uno de los mejores actores de toda la historia del cine.

Reconocimiento que no sólo tuvo eco en los Premios de la Academia. Henry también recibía por esta magnífica interpretación un Globo de Oro y un Marquee Award (American Movie), y era premiado en el europeo Karlovy Film Festival y en el National Board of Review (Asociación Nacional de Críticos de Cine de Estados Unidos).


La relación de Henry Fonda con la codiciada estatuilla comenzó en 1940, cuando fue nominado al mejor actor por su extraordinaria interpretación de Tom Joad en “Las uvas de la ira”.

Pero ese año el Oscar fue para su amigo James Stewart (“Historias de Filadelfia”). Stewart, curiosamente, había votado a Hank como mejor actor.


En 1958, Henry volvía a optar al Premio de la Academia por “Doce hombres sin piedad”, esta vez como coproductor de esta interesante película. Labor que se quedó tan sólo en la nominación, a la que se le unió otra como actor en los Globos de Oro.

Sí era, en cambio, galardonado con un británico Premio Bafta y con el Diploma de Mérito en los finlandeses Jussi Award por encarnar al miembro del jurado más íntegro de la gran pantalla. 


Su buen hacer interpretativo fue también reconocido en los Laurel Awards, galardones creados por el Motion Picture Exhibitor magazine. Fue en dos ocasiones nominado al mejor actor dramático por “Fiebre en la sangre” y “Punto límite”.


Y en 1968, en estos mismos premios, compartió honrosamente la nominación al mejor actor de comedia, por “Tuyos, míos, nuestros”, con actores como Jack Lemmon (“La extraña pareja”), Robert Redford (“Descalzos por el parque”), Dustin Hoffman (“El graduado”) y el que finalmente fue el ganador, Walter Matthau (“La extraña pareja”). 


Los televisivos Premios Emmy también repararon en Hank, nominándole en tres ocasiones por “El potro alazán”, “Clarence Darrow” y “La trompeta de Gedeón”.


A Henry Fonda le fue asimismo reconocida su larga y fructífera carrera cinematográfica con prestigiosos galardones. Premio Especial David de Donatello de la Academia de Cine Italiano (1973), Premio Honorífico en los AFI (American Film Institute) (1978), Cecil B. De Mille Award en los Globos de Oro (1980) y Golden Apple a la estrella masculina del año (1981).


Premios todos ellos que serían redondeados con el Oscar Honorífico que recibió en 1981, de manos de un encantado y orgulloso Robert Redford, en “reconocimiento a su enorme contribución al arte cinematográfico”.

Momento mágico de la ceremonia de los Oscar donde Redford resaltó la, ante todo, impecable profesionalidad de Hank. Y donde Henry, tras salir acompañado, por supuesto, por la banda sonora de “Las uvas de la ira”, y recibido con una emocionante ovación del público de la sala, agradeció la enorme suerte que tuvo en su vida profesional.

Enorme suerte la nuestra de compartir su trabajo con él, añado yo.


El Oscar Honorífico le era entregado a Henry Fonda justo un año antes de recibir su único Oscar como mejor actor por “En el estanque dorado”.

Sin duda alguna, el galardón más querido por él en su larga trayectoria. Porque se le daba, precisamente, como mejor actor.

“Nunca había ganado el Oscar al mejor actor. Fue muy emocionante para él. Sé lo orgulloso que se sintió”
(JANE FONDA)

lunes, 15 de marzo de 2010

TOM JOAD

"Las uvas de la ira se convirtió en película con tanta facilidad como si fuera un guión escrito en estudio. Que sepamos, es la única historia seria que ha quedado tan bien en pantalla como en papel”
(Edmund Wilson, escritor y crítico literario)

Estrenada en Estados Unidos el 15 de Marzo de 1940 (con dos exitosos preestrenos en Nueva York y Los Ángeles), “Las uvas de la ira” nos presentaba la historia de la familia Joad.


Producida por Darryl F. Zanuck y magníficamente dirigida por John Ford, esta película cuenta con un exquisito guión de Nunnally Johnson basado en la novela homónima de John Steinbeck.

Es una historia de la supervivencia de los más fuertes. Los fuertes sobreviven, los débiles se quedan a mitad de camino, los incompetentes deambulan sin rumbo
(Nunnally Johnson)

Obra fordiana por excelencia, más densa, más concisa y más poética que su equivalente literario, retrata con maestría la época más triste de la América de Franklin D. Roosevelt. Las migraciones interiores modificaron las situaciones y los privilegios creados. Los recién llegados eran tratados con hostilidad y considerados como enemigos. Pero también como mano de obra explotable por quienes poseían la propiedad.


Los granjeros de Oklahoma estaban desprovistos de emoción. Habían sufrido tanto que ya no demostraban emoción alguna. Eran sólo caras vacías
(Henry Fonda)


Cuando John Steinbeck dio su conformidad para la película, el nombre de John Ford ya encabezaba el proyecto, aunque su elección no estuvo clara desde el principio. Steinbeck sí había mencionado a Ford como el director ideal, pero Zanuck había pensado en Clarence Brown, uno de los talentos de Hollywood más dotados para la lírica.

Zanuck se decidió, finalmente, por Ford. Éste se encontraba rodando los exteriores de “Corazones indomables”, película protagonizada precisamente por Henry Fonda. John emplazó a Zanuck a la conclusión de este film para tomar una decisión, aunque cada vez le atraía más la idea.


Había leído la novela – que era buena – y Zanuck tenía un buen guión (…) Me gustaba la idea de esa familia que se marchaba y trataba de encontrar un camino en el mundo. Todo aquello me resultaba atractivo porque trataba de personas normales
(John Ford)

Ya con John Ford en la dirección, se eligió a Gregg Toland (“Cumbres borrascosas”, “Ciudadano Kane”, “Intermezzo”...) como operador de cámara porque la película necesitaba una fotografía desnuda, naturalista.


En el film, los cielos estaban sin filtrar y los rostros iluminados de un modo duro que encajaba con el desolado fondo. Según el propio Ford, Toland consiguió fotografiar espacios donde no había nada que fotografiar.

Para la banda sonora, el elegido fue Alfred Newman (“Beau Geste”, “Cumbres borrascosas”, “Eva al desnudo”...), que nos trasmite nostálgica pero implacablemente aquellos años de Depresión a través de una partitura interpretada, en su mayor parte, con acordeón, banjo y guitarra. Especialmente significativa es la tradicional y triste melodía “Red River Valley".

El estudio también contrató a Tom Collins, el Tom a quien Steinbeck había dedicado su libro y el que había animado a John a escribir la novela, llevándole a los campamentos de emigrantes donde el autor vivió durante un tiempo. Collins, que durante siete años había dirigido los campamentos estatales para trabajadores emigrantes, instruyó a los actores en el idioma apropiado, revisó los decorados y el vestuario y sirvió en general como asesor.



En la notas de Zanuck en cuanto al casting figuraban Henry Fonda como Tom, Walter Brennan como Pa, Beulah Bondi como Ma y James Stewart como Al. De estas notas sólo se mantuvo Fonda en el reparto final.

Pero a Fonda le costó mucho trabajo conseguir el papel. Sus relaciones con Zanuck no eran muy armoniosas. Cuando el magnate fue informado de que Henry quería encarnar a Tom a toda costa, anunció que el protagonista sería Tyrone Power, o en su defecto, Don Ameche, ambos a sueldo en el estudio.


Zanuck había tratado de contratarme incluso antes de “Tierra de audaces”, y yo me resistía. Era feliz actuando por libre. Estaba trabajando mucho en la Fox, pero era mi elección… Yo quería el papel. Era otro film con Ford y Ford me quería. Tuve una larga reunión con Zanuck. Firmé el contrato, y lo lamenté desde el día que terminamos “Las uvas de la ira”. Hice algunas buenas películas durante mi contrato con la Fox, pero fueron casi todas en préstamo
(Henry Fonda)

Henry, por aquel entonces era feliz con su independencia como actor para poder elegir él mismo sus películas. Zanuck, necesitado de estrellas masculinas para su nómina, le propuso a Fonda un contrato de larga duración a cambio del ansiado papel. Tras rechazarlo en un principio, Fonda cedió, consciente de que sería el papel de su vida, firmando un contrato con la Fox de siete años, pero también pasando a la inmortalidad cinematográfica con su maravillosa interpretación de Tom Joad.


En el rodaje, Ford se ocupaba de todo salvo de su estrella. Fonda, orgulloso y tozudo, sintió a Tom Joad sin recibir ninguna indicación del director. Para su composición, mezcló la sinceridad propia del Medio Oeste, de la que ya había hecho gala al interpretar a Lincoln, con la fría paranoia de un ex convicto. De la sobriedad de su actuación dependía que la película no decayera en algunos pasajes en el sentimentalismo.

Por esa actuación, mi padre recibió la nominación al Oscar como mejor actor. Le ganó su amigo Jimmy Stewart, pero fue ese papel el que condujo a Henry Fonda a la categoría de leyenda
(Jane Fonda)


La actuación de Henry Fonda sólo cabe calificarla de genial, y sin su emotiva mirada nada de lo que ocurre acabaría por entenderse. El actor aporta, además, una imagen ideal que sugiere el físico de una cierta América rural, entre ingenua e incontaminada.

A su lado, una irrepochable galería de característicos como John Carradine, Charley Grapewin, Russell Simpson, John Qualen, Ward Bond…


Y Jane Darwell, quien, en el papel de Ma Joad, compone uno de los personajes fordianos más inolvidables. La impresionante heroína expulsada de sus tierras y obligada a trabajar en condiciones miserables recibe un patético acento de veracidad en la interpretación de esta actriz de físico robusto y aspecto de matrona. Su trabajo es antológico, merecedor del Oscar recibido y de todos los premios del mundo. Pero los ojos luminosos y comunicativos de Hank también merecían premio.

Para la crucial escena final entre madre e hijo, Ford delegó en Fonda y Jane Darwell, negándose incluso a verles ensayar.

En la famosa escena de la despedida, mi padre me contó que él y Jane Darwell se dieron cuenta de que no podían dejarse llevar por la emoción. Así que tuvieron que interpretar la escena como si estuvieran sujetando un caballo que intentaba escaparse
(Jane Fonda)


No lo habíamos hecho en voz alta, pero Ford gritó “¡Acción!”, las cámaras empezaron a filmar y lo hicimos en una sola toma. Cuando acabamos la secuencia, Ford no dijo nada. Se levantó y se fue. Tenía lo que quería. Los demás, también
(Henry Fonda)

Las uvas de la ira” obtuvo 2 Premios Oscar al mejor director y mejor actriz secundaria (Jane Darwell). También estuvo nominada al mejor actor (Henry Fonda), mejor montaje, mejor película, mejor sonido y mejor guión.

Zanuck ha mantenido su palabra. Tiene una película dura, en la cual sus actores se han sumergido tan completamente en sus personajes que parece una película documental, y ciertamente tiene un timbre duro, veraz. De hecho, con la eliminación de las descripciones es, de lejos, más dura que el libro. Parece increíble, pero es cierto
(John Steinbeck)



Efectivamente, Ford supo recrear aquella turbia atmósfera y aquellos difíciles años a través de una puesta en imágenes que potenciaba el realismo y la humanidad de los personajes.

Es una gran película de las llanuras de polvo, las autopistas, los campamentos, el cielo que está sobre ellos, y de una gente sin nombre, desahuciada
(John Mosher, “New Yorker)

Las uvas de la ira” constituye uno de los más grandes melodramas sociales de la historia del cine. Sin concesiones al sentimentalismo, pero emocionando con la crudeza de sus imágenes, John Ford nos mostró las terribles luchas de las gentes del medio Oeste norteamericano por defender sus posibilidades de trabajo y su supervivencia en momentos de absoluta penuria. Sus personajes no son héroes ni seres excepcionales. Pueden ser engañados y convertirse, incluso, en esquiroles. Pero mantienen el lazo familiar y, por encima de todo, su dignidad.


El único verdadero cambio que hice – y tuve que hacerlo – fue en el final. Tenía que haber un rayo de esperanza, algo que evitase que la gente que viese la película se marchase tan abatida que no pudiese decir a otra gente que era un buen filme. Steinbeck estuvo de acuerdo en la necesidad de un final más esperanzador
(Nunnally Johnson)

Hank conservó toda su vida la gorra que llevaba en “Las uvas de la ira”. Poco antes de su muerte, se la regaló a su vieja amiga Jane Whiters. Juntos habían hecho en 1934 "The farmer takes a wife", una obra de teatro anterior a la carrera cinematográfica de Henry. Ella tenía entonces 8 años y Henry 34. Fonda se mostraba nervioso antes de salir a escena. Ella tocó su sombrero y dijo una oración para calmar sus nervios.


Al año siguiente, trabajaron de nuevo juntos en “Contrastes”, la versión de esta obra para la gran pantalla. Y se convirtieron en buenos amigos para toda la vida.


Sin ninguna duda, Henry Fonda era la elección perfecta para el papel de Tom Joad: la esencia de la decencia rural, con la intensa mirada de un hombre pensativo y a punto de explotar.

La película ayudó a forjar la imagen de Hank como una figura quintaesencialmente americana: el hombre común, que parecía simbolizar la decencia e integridad con la cual los americanos se veían idealmente a sí mismos. La imagen se ajustaba al actor tanto dentro como fuera de la pantalla. Henry no era un ser sofisticado. Prefería pasar su tiempo libre arando sus tierras y plantando cosechas.


Yo estaré en todas partes, en todas partes donde quiera que mires. Donde haya una posibilidad de que los hambrientos coman, allí estaré.
Donde haya un hombre que sufre, allí estaré.
Estaré en los gritos de los hombres a los que vuelven locos, y estaré en la risa de los niños cuando sientan hambre y la cena esté ya preparada. Y cuando los hombres coman de la tierra que trabajan y vivan en las casas que levantan, allí también estaré
(TOM JOAD)

viernes, 29 de enero de 2010

HENRY FONDA PRESENTA

Por ese oscuro misterio de las cámaras, a Hank le bastaba su presencia para hacerse dueño de la pantalla, de la situación, y reinar entre los actores y entre el público con una naturalidad desconcertante y con un estilo que parecía inexistente por su elegancia y su sencillez
(Juan Tejero, escritor cinematográfico)

La indiscutible elegancia de Henry Fonda, y su total aceptación entre el público cinematográfico, llevó a distintas marcas publicitarias a reclamarle como modelo para sus anuncios.

En 1938, este excepcional anuncio de Nunn-Bush shoes (zapatos) cuenta con la aprobación de Henry Fonda.


El actor nos dice: “He encontrado elegantes zapatos americanos que realmente me ahorran dinero”.

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La compañía inglesa Carreras Ltd emitió a finales de los años 40 un total de 50 tarjetas con estrellas famosas del cine en películas representativas. Dichas tarjetas iban incluídas en las cajas de Turf cigarettes (cigarrillos).


La tarjeta de Henry Fonda se emitió en 1949, hacía la número 41 y referencia a la película “Fort Apache”.

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En este anuncio de 1950 de Arrow shirts (camisas) vemos a Hank con la hermana mayor de Marlon Brando, Jocelyn, en una doble página desplegable del Saturday Evening Post.


Arrow es el reflejo de la moda americana a lo largo de tres siglos. Desde un taller en Troy, New York, en 1851, a una corporación internacional con distribución en más de 90 países. Demasiado patrimonio para ser olvidado.

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1952. ¿Por qué cambiaste a Camels, Henry Fonda? “Mi voz es importante en mi profesión. Fumo Camels porque resultan suaves y dejan un intenso sabor”.


Ninguna molestia en la garganta se debe a fumar Camels. Camel supera a las demás marcas – ¡por billones!

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En Marzo de 1965, el actor, conocido ya entonces por personajes tan honestos como los de “Las uvas de la ira” o “Doce hombres sin piedad”, nos muestra una sonrisa triunfadora en esta foto de portada de GQ (Gentlemen’s Quaterly), una revista enfocada en la moda, estilo y cultura masculina.


Fonda luce una primaveral chaqueta a cuadros Fenn-Feinstein y lleva bajo el brazo uno de sus guiones.

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En los años 70, Henry Fonda apareció en un anuncio gráfico para View-Master, el conocido dispositivo visualizador de discos de imágenes.


El anuncio decía: “Tenemos a Henry Fonda, los mejores shows para los niños y a Walt Disney trabajando para nosotros”.

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También en la década de los 70, la publicidad gráfica de View Master se extendió a una serie de anuncios en los que aparecía Hank rodeado de niños con los que explicaba las ventajas del producto.

En este anuncio en concreto podemos reconocer a Christopher Knight, Peter en "La tribu de los Brady", y a una jovencísima Jodie Foster.

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Y en 1971, Fonda nos mostraba las ventajas de Sheet Vinyl Floors (suelos de lámina de vinilo). Y lo elegantemente que se puede caminar sobre ellos.

Yo no soy Henry Fonda. Nadie podría ser tan íntegro
(HENRY FONDA)

viernes, 1 de enero de 2010

miércoles, 2 de diciembre de 2009

HANK Y STEINBECK

Henry es un hombre tierno, que te llega al corazón, pero inalcanzable. Su cara es un cuadro de sentimientos opuestos en conflicto
(John Steinbeck)


John Ernst Steinbeck nació el 27 de Febrero de 1902. Escritor estadounidense galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1962, tiene en su haber una serie de novelas que le ubican en primera línea de la corriente naturalista o del realismo social americano.


Su obra más popular es, sin duda, “Las uvas de la ira” (1939), magistral novela por la que Steinbeck obtuvo el Premio Pulitzer en 1940. El duro relato de una familia que, procedente de una empobrecida región de Oklahoma, emigra a California durante la depresión económica de los años 30, fue en su momento una controvertida novela y un documento de protesta social (“Es curioso lo lejana que resulta una desgracia cuando no nos atañe personalmente”). Hoy está considerada como todo un clásico de la literatura estadounidense.


La novela de “Las uvas de la ira” surgió de los artículos periodísticos que el propio Steinbeck había escrito sobre las nuevas oleadas de trabajadores que llegaban a California. El mismo escritor, durante su juventud, trabajó como jornalero rural y recolector de fruta.

En esta obra se describe la eterna lucha de las gentes que dependen de la tierra para sobrevivir, convirtiendo la dignidad de los pobres y los oprimidos en su tema central. Sus personajes, atrapados en un mundo injusto, siguen siendo hoy seres humanos heroicos.



Como en el resto de su obra, el estilo de John Steinbeck se sustenta en esta novela en una gran carga de emotividad en los argumentos y en el simbolismo de las situaciones y personajes que crea. Todo ello con un fuerte componente alegórico y espiritual que se alimenta de la piedad e interés del autor por los desfavorecidos de todo tipo.

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Cuando la Twentieth Century Fox anunció su intención de adaptar la novela a la gran pantalla, Henry Fonda, que había leído el libro y se había entusiasmado con todo lo que Steinbeck había escrito, y había leído también el posterior guión de Nunnally Johnson, hizo lo imposible por hacerse con el papel de Tom Joad.


Pero no sólo consiguió Fonda ser el protagonista de esta película. Durante el rodaje de la misma, Henry y John Steinbeck iniciaron una amistad que se fue estrechando con el paso de los años y que perduraría hasta la muerte del escritor.

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En 1973, Henry Fonda protagonizó “El potro alazán”, una película para la televisión que estaba basada en “El pony rojo” (“The red pony”), otro relato de John Steinbeck.


En esta historia se dan cita dos importantes descubrimientos: el contacto y la comunión con la naturaleza y el despertar a las luces y las sombras de la existencia. “El pony rojo” se nos presenta en forma de cuatro episodios de la infancia de Jody Tiflin, un muchacho que vive en una granja de California. Con esta obra, John Steinbeck consiguió una de sus principales cimas dentro de sus obras de menor extensión.


Los tres primeros capítulos de este libro fueron editados entre 1933 y 1936 en una serie de revistas de la época, siendo publicada la novela en su totalidad en 1937.

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Veinticinco años después del estreno de “Las uvas de la ira”, John Steinbeck la volvía a ver y se quedaba otra vez de piedra con la interpretación de Henry Fonda.


El tiempo pasa y nosotros cambiamos… Pero cargué esa cosa en mi proyector doméstico y me senté a ver cómo había envejecido. Luego un pedazo de electricidad con una cara flaca y oscura apareció caminando en la pantalla y se apoderó de mí. Otra vez volví a creer en la historia que había escrito

John Steinbeck nos dejaba el 20 Diciembre de 1968. En su funeral, Henry Fonda leía poemas de Petrarca, Tennyson y Robert Louis Stevenson.

"Todos encontrarían su propia vida mucho más interesante si dejaran de compararla con la vida de los demás"
(HENRY FONDA)

martes, 29 de septiembre de 2009

BAILANDO CON HENRY


Alto, delgado y parsimonioso, Hank caminaba con pasos característicamente largos y se movía con una plácida pero inconfundible autoridad, andares que sólo pueden ser calificados de felinos en su delicada deliberación. Como señaló un crítico no camina, flota. Su excepcional fotogenia hizo el resto
(Juan Tejero, escritor cinematográfico)

Una de las principales características de Henry Fonda, Hank para los amigos, es su peculiar forma de caminar. De hecho, algunos de los directores con los que trabajó decidieron incluir en sus películas escenas del actor caminando como garantía segura de que enriquecería el resultado global. Sus andares eran genuinamente cinematográficos.

No es de extrañar, pues, que también se incluyeran en sus títulos diversas escenas de baile. Esa manera tan elegante de caminar debía ir pareja, por lógica, con un elegante sentido del ritmo.

Incluso en la etapa madura del actor encontramos divertidas escenas de baile en las que Henry es protagonista.

Los desbravadores” es un divertido western que coprotagonizan Henry Fonda y Glenn Ford, dos vaqueros trotamundos especializados en desbravar caballos, que son acompañados durante toda la película por un tercer coprotagonista, un peculiar caballo ruano. Entre trabajo y trabajo, estos vaqueros sacan tiempo para dedicárselo a dos hermanas que les brindan todo tipo de atenciones. Entre otras, un baile organizado por ellas al más puro estilo del Oeste. Henry y Glenn aportan aquí sus diferentes modos de afrontar el ritmo musical en una muy simpática escena.


En “La pícara soltera”, comedia americana sin más pretensión que la de entretener, la pareja protagonista formada por Natalie Wood y Tony Curtis es reforzada por Henry Fonda y su pareja en la película, otro mito cinematográfico llamado Lauren Bacall. Fonda y Bacall dan vida a un maduro matrimonio con pequeñas crisis, las cuales no impiden que se marquen un divertido baile al estilo del twist donde los dos actores demuestran sus tablas en el terreno de la comedia.


Pero a Henry estas escenas musicales ya no le pillaban de improviso. Llevaba a sus espaldas una carrera cinematográfica en la que el baile hacía su aparición de vez en cuando y, en muchas ocasiones, como elemento crucial en el desarrollo de la trama.

En “Jezabel” la escena del baile que protagonizan Henry Fonda y Bette Davis llega a cambiar el curso de los acontecimientos. El baile al que son invitados Julie y Preston tiene unas normas de etiqueta muy estrictas. Entre otras, el que las solteras a punto de casarse luzcan el consabido vestido blanco y no el que escoge Julie a última hora. Premeditadamente decide transgredir esta norma presentándose con un espléndido vestido rojo escarlata, segura de que, pese a todo, deslumbrará a los asistentes al baile. Pero su entrada en la fiesta es acogida con frialdad.


Esta magistral secuencia, cuyo rodaje llevó un total de cinco días, está magníficamente concebida por el director William Wyler, un maestro en la materia. Wyler nos transmite el embarazo que crea tal situación, el desprecio hacia Julie de los asistentes al baile y la venganza de su novio, que lleva el capricho de ella hasta el final obligándola a bailar ante el numeroso público, que se aparta dejando a la pareja sola.

Y todo ello se nos muestra sin apenas diálogo. Con esta escena, Henry le brinda magistralmente a Preston, hasta ahora falto de personalidad, la garra y el orgullo que requiere para resistir con la cabeza bien alta la pública humillación del caprichoso personaje que interpreta Bette Davis.

En “Las uvas de la ira” la pareja de baile la forman Tom Joad y su madre. Maravillosamente interpretados por Henry Fonda y Jane Darwell, estos dos personajes bailan al son de la melodía “The red river valley”, a la que el propio Fonda le añade su voz. La escena, tan triste como entrañable, recoge las condiciones sobrehumanas que vive la familia Joad, aquí en un intento de Tom por animar el ambiente. Fue dirigida por John Ford. No hace falta decir más.



Y es precisamente Ford, sin duda alguna el director que mejor conocía los recursos actorales de Fonda, el que nos regala las dos escenas de baile más entrañables de Henry.

En “Fort Apache” nos encontramos a un Henry Fonda serio, recto, como el estricto coronel al que da vida en pantalla. Por ese mismo motivo, la escena de baile que ilustra esta película resulta tan chocante y tan eficaz al mismo tiempo. El baile que protagoniza Fonda con su pareja es solemne y muy preciso en su forma, como la vida que lleva el coronel, sin salirse de su recto camino. Pero Ford le añade un detalle cómico a través de Henry quien, al igual que su pareja femenina, intercala unos pequeños y divertidos pasos laterales al conjunto del estudiado baile.


Sin dejar en ningún momento de ser efectuado con una perfección al milímetro, el director le está dando a la escena al mismo tiempo el inconfundible “toque fordiano”. Forma de bailar la de Henry que contrasta con la del resto del ejército, más acorde al ambiente de un baile de tales características. Escena sencilla por un lado pero que nos dice mucho en cuanto al personaje del coronel que interpreta Henry Fonda.

No puedo ahora recordar mejor ejemplo de un gran actor que el de Henry Fonda interpretando al sheriff Wyatt Earp digno, serio, torpe, limitado, enamoradizo, vengativo y envarado, que conduce de su brazo a una joven hacia un baile campestre por los caminos polvorientos de un pueblo de frontera
(Juan Antonio González Fuentes, escritor)

En “Pasión de los fuertes” nos encontramos un baile tan típico de esa época como de las películas de John Ford. Wyatt Earp, el personaje que encarna Henry Fonda, acaba de salir de la barbería, donde le han acicalado con perfume, aroma que él va emanando y explicando a quien se cruza en su camino. Wyatt se dirige con Clementine al baile que Tombstone celebra en su iglesia a medio construir, bajo las banderas ondulantes de los Estados Unidos. 


Baile Wyatt y Clementine


Una vez llegan allí, Earp no se decide a salir a la pista, y cuando lo hace, los músicos paran de tocar para recalcar que van a bailar ellos. Es decir, justo todo lo contrario a la tímida intención de Wyatt. El baile de la pareja que vemos a continuación nos vuelve a demostrar el excelente tándem cinematográfico que formaron Fonda y Ford.

Escena mágica, entrañable y antológica de Henry Fonda, de John Ford, de las películas del Oeste y de la historia del cine en su totalidad.

“¿El cine? ¿Usted ha visto caminar a Henry Fonda? Pues eso es el cine
(JOHN FORD)